lunes, 7 de junio de 2010

Psicosis






Hitchcock empleó la estimulación subliminal para aumentar el efecto emocional de "Psicosis". Si analizamos la escena final de esta película fotograma por fotograma, podremos ver un estímulo que ha pasado inadvertido a millones de espectadores: en esta última escena, cuando la cara de Norman (Anthony Perkins) ocupa toda la pantalla se sobreimpresiona de forma subliminal la calavera de la madre de Norman. De hecho, si recordamos, Norman tiene una psicosis de doble personalidad, por lo que el hecho de que estén sobreimpresionadas las dos caras refuerza esta idea.

ASESINATO DE LA DUCHA DE PSICOSIS

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En este film, no debe pasarse por alto la escena clave. Tal fue su impacto y el carácter mítico que la envuelve que se ha convertido en uno de los momentos emblemáticos no ya del cine de Hitchcock en particular, sino del cine de terror en general.
Tuvo la innovadora idea de matar a la protagonista de su película 40 minutos después de comenzar. Si hacemos memoria, Psicosis empieza con Marion Crane(Janet Leigh) quien ha robado 40.000 dólares de su trabajo y ha huido de la ciudad para reunirse con su amante. Todo este primer tramo está narrado desde su punto de vista, y Hitchcock pone todos los elementos narrativos y visuales a su alcancepara que nos identifiquemos con el personaje, compartiendo sus miedos, angustias y ansias de salir airosa.
Cuando la figura borrosa descorre la cortina, la música (una tensa composición con instrumentos de cuerda) arranca con fuerza de forma repentina, provocando el espanto en el espectador. Lo que antes era una sucesión de elegantes planos, se convierte en una atropellada secuencia de imágenes y sonidos que ilustra el salvaje apuñalamiento que sufre la protagonista. Cabe señalar que en ningún momento Hitchcock recurre a la violencia gráfica, de manera que sólo vemos planos de la boca de Janet Leigh gritando, de su atacante en las sombras, del agua teñida de sangre a sus pies y del cuchillo subiendo y bajando, intuyendo su horrible muerte. Una vez que el asesino ha concluido y huye del cuarto de baño, se hace el silencio y el montaje se suaviza. No obstante, en lugar de volver a ser elegante y reposado como al principio, se convierte en agónico al ilustrar los intentos de una Marion moribunda que intenta infructuosamente salir de la ducha para acabar cayendo muerta al suelo. Hitchcock consigue que la sorpresa y el desasosiego inunden al espectador, pues acaba de presenciar la brutal muerte de la protagonista, quedando descolocado y sin referencias emocionales a las que aferrarse.
Psicosis 5
En el apartado técnico, y aunque dura solamente 45 segundos, la secuencia se compone de 78 planos filmados en un período de una semana y montados porGeorge Tomasini. La sangre era sirope de chocolate y Janet Leigh llevaba cubierto el busto por un falso pecho de plástico color carne. El vapor del agua caliente provocó que se despegara el adhesivo que lo sujetaba, por lo que Janet tuvo que seguir rodando desnuda, hasta que Hitchcock dio por buena la última toma. En el montaje final, Janet aportó únicamente su rostro: el cuerpo pertenece a la actriz principiante Margo Epper, de 24 años, y el busto a la modelo Marli Renfro, de 23. Debido a que Anthony Perkins no estaba convocado en el estudio durante el rodaje de la secuencia, su silueta fue la de un doble, mientras que el mismísimo Hitchcock asestó las 17 puñaladas. Según afirmaba con ironía, “Lo hice porque sabía perfectamente dónde clavar el cuchillo para que las heridas resultaran mortales”. Sorprendentemente, esta escena estaba originalmente concebida sin música, sólo con el sonido de la ducha, los gritos y las cuchilladas (logrado clavando un cuchillo en un melón). Fue idea del compositor Bernard Herrmann el hoy legendario motivo de cuerdas que la acompaña.

Una de las claves del cine de Hitchcock, consiste en identificar al espectador con determinados aspectos de sus personajes, en este caso cuando Norman descuelga en cuadro y mira a través del agujero, nos convertimos en testigos del carácter voayeur del joven solitario, pero al mismo tiempo, participamos de dicho acto, pues quien ha podido resistir la tentación de espiar a través de una mirilla.