jueves, 5 de noviembre de 2009

Camille Claudel






Camille Claudel (1864-1943)

Nace en 1864 en Villeneuve. Mientras su padre comprende la inclinación de Camille hacia el arte, su madre se opone duramente a lo que considera una desviación radical de las reglas que rigen la vida burguesa en la sociedad del momento. Solo encuentra consuelo en su hermano Paul, quien se convertirá en un célebre escritor.

Cuando la familia se traslada a París, ella se inscribe en la Académie Colarossi y mantiene un estudio junto a tres amigas inglesas. Su encuentro con el escultor Auguste Rodin desemboca en una relación amorosa. Camille posa para él y colabora en la realización de las figuras de la monumental Puerta del Infierno de aquel.

Fue internada durante 30 años en un sanatorio mental, y allí murió. Ella le dejó para buscar su independencia y no sólo no recibió ningún apoyo en ningún sentido, sino que además fue enviada por la fuerza a un sanatorio mental. Destruyó casi toda su obra y se negó a esculpir mientras la tuvieran allí encerrada.

Carta de Camille a su hermano Paul desde su encierro
Querido Paul,

Hoy, 3 de marzo, es el aniversario de mi secuestro en Ville-Evrard: hace 17 años que Rodin y los marchantes de obras de arte me enviaron a hacer penitencia a los asilos psiquiátricos. Después de apoderarse de la obra de toda mi vida sirviéndose de B. para ejecutar su siniestro proyecto me hicieron cumplir años de prisión que bien se merecerían ellos. B. no era más que un agente del que se sirvieron para tenerte al margen y utilizarte para dar este audaz golpe que salió tal y como habían planeado gracias a tu credulidad y a la de mamá y de Louise. No olvides que la mujer de B. es una antigua modelo de Rodin: ahora ves la maquinación de que fui objeto. ¡Qué bonito! ¡todos aquellos millonarios lanzándose contra una artista indefensa! ya que los señores que colaboraron en tan buena acción son todos más de 40 veces millonarios.
¡Parece que mi pobre taller, algunos pobres muebles, algunos útiles construidos por mí misma, mi pobre menaje todavía excitaban su codicia! Como la imaginación, el sentimiento, lo nuevo, lo imprevisto que surge de un espíritu desarrollado es algo que les está vedado, cerrados de mollera, cerebros obtusos, eternamente ciegos a la luz, les hace falta alguien que les provea. Ellos lo decían: "nos servimos de una alucinada para encontrar los temas".
Tendría que haber al menos algunos estómagos agradecidos que supieran compensar a la pobre mujer a la que despojaron de su genio: ¡no! ¡una casa de locos! ¡ni siquiera el derecho a tener mi propia casa!...